jump to navigation

Viernes 12 de marzo de 2010

La hombría de bien y la educación que empieza en casa

12:24 h | Artículos | chequeescolar | Trackback

Del blog de Leopoldo Abadía:

Merece la pena leer la entrada completa en Desde San Quirico


Tenemos que enseñar a nuestros hijos que hay que ser nobles y leales. Que tienen que ser personas de fiar. Que no es verdad que una cosa mala se convierta en buena porque la hagan muchos. Quizá lo he dicho ya alguna vez, pero es fundamental saber que una cosa anormal hecha por mucha gente no se convierte nunca en normal, sino en anormal frecuente.

Tienen que aprender que hay cosas que están bien y cosas que están mal. Que no es verdad que todo es opinable, porque hay algunas cosas –no muchas-, que no son opinables.

Mi amigo va tomando nota a toda velocidad en el mantel del bar. Hoy se ha dejado la libreta en casa, porque pensaba que el desayuno iba a ser de jiji jajá. Y ha descubierto que hay temas, como el de la educación, que de jiji nada, y de jajá, menos. Que nos estamos jugando el futuro de España y estamos yendo, una vez más, en la dirección contraria.

Que estamos fabricando niños blandengues, egoístas, mentirosetes, que no sirven para nada. Y así, no se va a ninguna parte. Mejor dicho, sí se va. Mejor dicho: nos llevan ellos. (Esos “ellos” deben ser esos a los que la gente llama “estos”).

Y luego, nos quejamos de lo malos que son ellos. Y supongo que ellos, que no sé si son malos, pero que tontos no son, piensan: “seguiremos deformándoles, para que no tengan criterio sobre nada. Y así, nosotros seguiremos con lo nuestro, que mal, mal, no nos está yendo”.

Mi amigo dice que sí, que lo de la educación le preocupa. Pero añade que la educación empieza en casa. Y, para que quede claro, me dice que “si un padre y una madre son un par de cenutrios -palabra que le encanta repetir- ¿cómo van a ser sus hijos? ¡Cenutrios! ¡Aunque los manden a Harvard! ¡Serán cenutrios en inglés, que no sé cómo se dice!”

Mi amigo dice que hay que replantearse muchas cosas. Que se ha leído la teoría del safety car que he propuesto en mi último libro, y que todos necesitamos de vez en cuando un safety car, que nos ponga en orden internamente cuando patinamos de mala manera, o cuando hayamos decidido jugar al todo vale, sabiendo que si todo vale, vale todo, con la condición de que el día que nos pase algo no nos quejemos, porque jugábamos a eso. (Esta última frase es mía, pero mi amigo la dice con tanta soltura que estoy seguro que piensa que se le ha ocurrido a él.)

O sea, que hay que educar a los padres. Pues ¡menuda revolución civil vamos a montar! Pero, como dicen en mi tierra, “no hay otra”. Ya podemos hacer Planes de Educación, ya podemos poner máquinas de preservativos en los colegios, ya podemos regalar suscripciones de periódicos a los chicos, que si en casa no les educamos, los chavales saldrán de los Colegios con una deformación grave, pensando que su objetivo en la vida es ser animalitos sanos, que cuando les falle el preservativo ya abortarán (total, ya lo hacen muchas) y que papá Estado, mamá Autonomía y la abuelita Ayuntamiento ya les arreglarán las cosas cuando sean mayores. Y si no se las arreglan, se amenaza con una huelga general y ya está.

1. ester Martes 6 de abril de 2010 | 14:52 h

Este tipo de cosas realmente asustan. Estoy totalmente de acuerdo en que el problema de fondo ahora son los padres de los niños de esta generación. Pero mi duda es: si a esos padres a su vez los educaron otros padres que no eran como ellos, ¿por qué los de ahora son tan analfabetos, sin principios ni pudor ni convicciones trascendentes ni ganas de leer, ni de reciclarse, ni de viajar, ni de aprender inglés o lo que se tercie para salir de esa burrez o del paro?
Esa idea de que el Estado lo arreglará todo a base de sablazos a los “ricos”, que son unos miserables por tener trabajo y haber ido a la universidad, está aniquilando mentalmente a toda una generación inculta y de instintos básicos.

2. Una madre Jueves 8 de abril de 2010 | 10:34 h

Desde luego que la educación empieza en casa, yo lucho cada día por dar a mis hijos -que son 4 y yo viuda- valores y principios, para que sean hombres y mujeres de bien, trabajadores, respetuosos, generosos, que valoren lo que tienen, que las cosas hay que ganarlas, que su palabra debe de ser suficiente, y cómo no, en el amor a la familia, el valor de los verdaderos amigos, en ser cívico…