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Jueves 26 de marzo de 2009

Niños y niñas juntos, aprenden por separado en las escuelas públicas

17:19 h | diferenciada,Libros | chequeescolar | Trackback

Un instituto neoyorquino del Bronx ha experimentado las ventajas de este modelo educativo.


Jennifer Meidan (NYT)

Michael Napolitano habla a su clase de quinto grado en la sección Morrisania del Bronx como un entrenador de baloncesto. “¡Vosotros, que vea que lo intentáis!” Insistía el otro día durante una clase de matemáticas. “¡Vamos, más deprisa!”

En el aula del otro lado del pasillo, las reprimendas de Larita Hudson se parecen más a las de un terapeuta. “Esto está descuidado, cariño”, aconseja mientras revisa los problemas en el libro de ejercicios. “¿Recuerdas lo que te dije sobre descubrir la estrella brillante que eres?”

No se trata sólo de dos profesores con diferentes personalidades. La señora Hudson, que tiene 32 años y creció cerca del colegio, tiene un aula llena de niñas de 11 años de edad, mientras el señor Napolitano, un profesor de educación especial de 50 años, se enfrenta a 23 niños. Una clase de quinto grado situada al fondo del pasillo es de educación mixta.

Estas clases de un solo sexo de la Escuela Pública 140 – también conocida como Eagle School—, que empezaron como un experimento el año pasado para afrontar las malas puntuaciones y los problemas de comportamiento, se cuentan entre las 445 clases diferenciadas de todo el país, según la National Association for Single Sex Public Education. La mayor parte surgieron a partir de un cambio regulatorio federal de 2004, que daba a las escuelas públicas libertad para separar niñas y niños.
Educación diferenciada

Aunque se consideran legales, las 95 escuelas de educación diferenciada de todo el país, entre ellas una docena en Nueva York, todavía tienen muchos críticos. Pero la separación por un pasillo es generalmente más aceptable social y políticamente. A diferencia de otros programas dirigidos a mejorar el comportamiento de los estudiantes, éste no supone coste extra. “Haremos lo que funcione, sin embargo podemos llegar ahí”, dice Paul Cannon, director de la P.S. 140. “Pensamos que esta es otra herramienta que debíamos probar”.
Las niñas participan más en las clases cuando no hay niños presentes, y los niños suelen centrarse mejor sin niñas alrededor

A lo largo de los años, Cannon había experimentado con tutorías después del colegio, hacer deporte con los estudiantes y sus padres los fines de semana, y crear laboratorios de ciencias e informática. Las puntuaciones de los test mejoraron lo bastante para eliminar la Escuela Pública 140 de la lista estatal de escuelas con dificultades, pero Cannon notó que los resultados de los estudiantes de quinto grado estaban estancados, un bache común en toda la ciudad. Un día escuchó hablar de una escuela en Carolina del Norte que tenía clases sólo de niñas y mostró su interés.

Por eso, decidió intentarlo, y pudo gracias a la filosofía de la administración Bloomberg de dejar a los directores dirigir sus escuelas como deseen. Fue muy sencillo y no fue necesaria ninguna formación especial ni monitorización. Unos pocos padres expresaron reservas al principio, pero la medida fue lo bastante popular para que este año, la escuela primaria que está a la vuelta de la esquina siguiera el ejemplo con su sexto grado.

“Antes siempre estaban tratando de demostrar a las niñas quién era el más fuerte, y ser duro y ser moderno”, dice Samell Little, cuyo hijo Gavin que está cursando su segundo año con este modelo diferenciado. “Ahora, nunca oigo una palabra de los profesores sobre problemas de comportamiento, y cuando habla sobre el colegio, realmente está hablando sobre el trabajo”.

Pero Kim Gandy, presidente de la National Organization for Women, dijo que las clases separadas refuerzan los estereotipos de género. “Un chico que nunca ha sido superado por una chica en un test de álgebra podría tener problemas a la hora de enfrentarse a una supervisora mujer”, dice ella. Aunque algunos partidarios creen que es más probable que las niñas participen en clase cuando no hay niños presentes, y que los niños suelen centrarse mejor sin niñas alrededor, la investigación académica no es concluyente.


La meta

“La cuestión siempre debe ser: ¿Qué se está intentando conseguir  al separar a los estudiantes y cómo lo harás?”, dice Rosemary C. Salamone, una profesora de derecho en St John’s University y autora de Same, Different, Equal: Rethingking Single-Sex Schooling.

La profesora explica que “si no lo haces con prudencia, corres el riesgo de reforzar los estereotipos y fomentar la debilidad de los estudiantes”. En California, una iniciativa del gobernador que separó seis escuelas medias y secundarias en academias de sexo único no percibió una mejora muy notable después de unos años.

En la Eagle School del Bronx, también hay pocas pruebas hasta ahora de mejora, por lo menos de una mejora fácil de medir. Los estudiantes de ambos sexos en el quinto grado de coeducación obtuvieron mejores resultados en los tests de matemáticas e inglés del año pasado que sus homólogos de las aulas diferenciadas, y la clase de coeducación de este año tuvo el porcentaje mayor de estudiantes que aprobaron el examen de estudios sociales del estado.

Pero estas cifras son en gran parte un reflejo de quién está en cada aula. En general, los estudiantes con dificultades están en las clases diferenciadas (cualquiera que se opone puede salirse). Aunque las puntuaciones de los exámenes no lo demuestren, Cannon y sus profesores han dicho que ha habido pocas peleas y problemas de disciplina, y más participación en clase y en las actividades extraescolares.
Educar como padres

El profesor Napolitano, uno de los cuatro hombres entre los 30 docentes de la escuela, ha dicho que piensa en sus estudiantes como en “23 hijos”. Sostiene orgullosamente el libro Patrol Boy, con una imagen de un joven con un gran tatuaje en su espalda, como ejemplo del material que no habría usado en una clase mixta.

“Hay un aspecto masculino, una cercanía que no tendríamos de otro modo”, dice. “Siento que les estoy enseñando mejor lo que es el mal y el bien de lo que lo habría hecho normalmente”.

De hecho, cuando se le pregunta qué es lo mejor de estar en una clase sólo con chicos, Jorge Jiménez, de 11 años, respondió confidencialmente, “estoy aprendiendo cómo ser un hombre”. Cuando se le pide que se explique, dice, “Aprender cómo ponerse desodorante”. Unos días antes Napolitano había entregado bolsas de muestras de jabón y desodorante como parte de una lección de olor corporal.

Hay un equivalente de hermandad en la clase de niñas, donde hace poco, la tarea consistió en buscar mujeres negras influyentes. Varias querían entrevistar a la señora Hudson, pero la profesora les dirigió a Internet para encontrar personajes de alto perfil como Harriet Tubman y Michelle Obama.

Con frecuencia, la señora Hudson hace que los estudiantes trabajen en pequeños grupos, algo que, según ella, fomenta la independencia y un sentido de comunidad.

Hace unos días, los estudiantes estaban haciendo pósters sobre la Guerra de Independencia Americana. Cuando la clase se dividió en grupos de dos personas, una niña se quedó sola, con la cara entre las manos. La señora Hudson se acercó a las dos estudiantes del pupitre de al lado.

“¿Os dais cuenta de que alguien se ha quedado solo en el pupitre de al lado y os quedáis paradas, no hacéis nada?”, preguntó, consciente de un persistente sentimiento de desprecio. “Realmente estoy sorprendida con vosotras. Si alguien pide perdón, intentáis olvidarlo y seguir adelante”.

Unos momentos más tarde, las tres chicas estaban intercambiando rotuladores y debatiendo qué palabras describían mejor la frustración de los revolucionarios.
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