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Miércoles 28 de junio de 2006

“Tratar a los maestros como empleados no es profesional”

9:25 h | Artículos,Libros | Txemav | Trackback

Charles Glenn es profesor en la Facultad de Educación en la Universidad de Boston, y durante décadas fue responsable de la Educación ciudadana del Estado de Massachussets. Acaba de presentar en España el libro El mito de la escuela pública (Encuentro, 2006), en el que hace un repaso de la ideología que se encuentra detrás de la “escuela única”, desde la Revolución Francesa hasta nuestros días en Massachussets, Francia y los Países Bajos.

¿Cuál es la escuela pública, la estatal o la que desean los padres?

Tengo siete niños. Todos han asistido a la escuela pública en Boston, escuelas con 80-90 % de morenos y de latinos, y fui durante 21 años el “oficial de gobierno” de Massachussets, el encargado de segregación, derechos civiles, educación de los inmigrantes, etc. Esos asuntos son muy importantes para mi.

Me parece que las escuelas efectivas son escuelas con un proyecto en sentido singular, un proyecto diario, un proyecto hecho por ellos, por lo maestros en comunicación con los padres, pues me parece que la educación pública puede darse en escuelas estatales y también otras escuelas, como las “Charter Schools”, que son escuelas públicas independientes –tenemos en este momento mas de 6.000–, también en escuelas con un proyecto que derive de la religión, o de la filosofía o de la cultura.

¿Cuál es el papel del Estado?

Debe vigilar que todas las escuelas imparten una educación suficiente, y también una educación en la ciudadanía. La cuestión es cómo podemos reconciliar la autonomía de las escuelas, cuestión muy importante, con la responsabilidad [accountability, no hay correspondiente exacto en los países latinos]. He hecho un estudio con un amigo belga (Jan de Groof), en tres tomos, sobre cuarenta paises. El nombre de este libro es Finding The Right Balance: Freedom, Automony and Accountability in Education [Buscando el equilibrio adecuado: libertad, autonomía y responsabilidad en la Educación].

Las tres patas…

Es un desafío enorme hacer esto, y estamos escribiendo el cuarto tomo con Colombia, Ecuador, Corea, Japón, etc. La política debe tratar de equilibrar estas cosas buenas.

No es fácil.

Sobre todo en Europa en este momento, donde el gobierno puede involucrarse demasiado en los asuntos que los maestros deben decidir, o limitar la posibilidad para los padres de escoger una escuela con contenidos distintos. En España, la libertad de cátedra para los profesores puede ser utilizada para hacer imposible que un maestro escoja una escuela donde todos sus compañeros compartan una misma visión de la Educación. Podría derivar en un recorte de la libertad del docente de estar en una escuela con un ideario compartido. Si todos los maestros tienen diferentes visiones, es muy difícil hacer una escuela efectiva.

En España, el Estado pone muchas cortapisas mientras concede una autonomía mínima, sólo para no responsabilizarse de los problemas creados por el sistema. En otros países se deja más libertad al docente, pero luego se le piden responsabilidades.

Tratar a los maestros como empleados no es profesional. Los profesores no pueden nunca ser profesionales sin autonomía, pero autonomía colectiva: no de cada maestro, sino en la propia escuela. La baja valoración de los profesores por parte de la sociedad, por ejemplo en EEUU, se debe a que no controlan su profesión, no deciden sobre las características, sobre los profesores adecuados, sobre la manera en que quieren instruir, etc. El resultado es que no atraemos a esa profesión a los más inteligentes, ni a los más cultos, es un problema enorme. Cómo cambiar esto no es sólo una cuestión de fondos, de salarios, sino de condiciones de trabajo. Estar el último de la escala en que se toman decisiones es el problema.

¿Qué le parece la metodología de PISA? ¿No se centra mucho en el entorno socioeconómico y se olvida, o no mide bien, otros factores como la organización escolar?

En los años 60 se hizo el famoso estudio de miles de alumnos en las escuelas estadounidenses que concluyó que el rendimiento de los alumnos era predecible si se conocía su origen socioeconómico. En los últimos años se ha hecho un esfuerzo enorme para definir qué es lo que ayuda la escuela. En los mejores estudios realizados en Italia, Estados Unidos o Alemania, concluyen que hay un valor añadido por el proceso seguido en la escuela. Hay que comparar escuelas con un mismo origen social, y de esa manera se pueden comparar resultados y juzgar. Es interesante también seguir a los alumnos particularmente durante algunos años, y eso PISA no lo puede hacer.

Una de las cosas que me ha sorprendido encontrar es que los principios de la Educación del Directorio (tras la Revolución Francesa) eran similares a los de la LOE –menos uno: la disciplina ya ha desaparecido–: los principios del Estado estaban y están por encima de que los alumnos aprendan, sepan.

Es muy importante que las escuelas hagan esfuerzos para que los alumnos formen un carácter cívico, pero un análisis de los resultados en esta materia es muy difícil, y además el Estado se involucra mucho en la psicología de los niños. Por ello, me parece importante que el Estado, con sus exámenes, considere prioritarios temas como escribir, leer, la Historia o las Matemáticas, por encima del carácter de los alumnos, de los ciudadanos. Debemos de esperar que la sociedad civil asuma su responsabilidad, que los padres y los maestros la asuman. Por ejemplo, en Holanda hay cincuenta escuelas islámicas, totalmente subvencionadas por el Gobierno: es la libertad de enseñanza. Pero es importante que la Inspección sepa si las escuelas hacen de los alumnos personas incapaces de integrarse en la sociedad. Eso no lo saben por los exámenes, sino visitando las escuelas, hablando con los padres, con los maestros: hacen eso, y no un examen del carácter o el patriotismo de los alumnos.

Es un asunto muy sensible, muy difícil y muy importante. En EEUU, los oponentes del cheque escolar decían que con ese sistema habría escuelas nazis, de brujería, de todo tipo. Tenemos unas 12.000 escuelas privadas en EEUU, y no tenemos ni una escuela nazi, ni de brujería, y eso que tenemos un régimen de libertad de expresión mucho más avanzado que en Europa –es posible ser nazi, si uno quiere. Pero no hay escuelas nazis, los padres no las quieren: quieren escuelas que hagan buenos a sus hijos. Me parece que la sociedad civil puede asumir su responsabilidad.

Intervencionismo e instituciones libres