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Lunes 17 de abril de 2006

El último reducto

17:32 h | Artículos,Libros | Txemav | Trackback

La enseñanza en Baleares se ha convertido en el último reducto estatista de izquierdas, sueñan con que es un coto cerrado para los demás y se agarran con ahínco a obsoletas y poco liberalizadoras ideas. Introduzcamos nuevas ideas que den aire fresco a los impulsos liberales en educación. Un cheque por el coste del puesto escolar con el que cada familia acude al colegio de su elección nos daría un aire de libertad. En Baleares esta propuesta está más o menos silenciada porque en realidad no interesa. Nos daría la libertad a las familias y como dijo no se quien, libertad para qué.

El efecto que tendría sobre el modelo educativo balear sería la introducción de la competencia, que tanto asusta a la Sra. Alberdi y sus amigos; los centros deberán mejorar su oferta para satisfacer a sus clientes. Eso eleva la calidad.

Habrá una mayor diversidad de la oferta. Sobre el profesorado existiría un incentivo para desarrollar su profesión, evitando los efectos de la burocratización. Muchos profesores podrían querer unirse para poner en marcha sus criterios pedagógicos. Los colegios estarían, además, interesados en fichar a los profesores más creativos, dinámicos y preparados.

Pero a mi juicio lo más importante es que el poder del sistema educativo pasaría definitivamente a los padres, pues ellos decidirían a qué colegios desean llevar a sus hijos.

El papel de la administración balear quedaría en establecer los mínimos exigibles de la educación y ejercería la inspección. Ahora bien el cheque escolar es tabú porque cuestiona los cómodos estatus de las cúpulas sindicales de docentes y quita poder a los políticos. Actualmente este sistema está funcionando en Suecia, Nueva Zelanda y Australia, en cinco regiones italianas, en varios estados norteamericanos. En España, el Ayuntamiento de Valencia desarrolla una iniciativa limitada en las escuelas municipales.

Con la implantación de este sistema se reduce el gasto público y mejora la calidad. En Estados Unidos, los experimentos se han puesto en práctica en barrios deprimidos con escuelas conflictivas y los resultados han sido excelentes.

Así con el cheque escolar el poder de decidir reside en el contribuyente, en el ciudadano. Los ofertantes de educación, los colegios y los docentes compiten para ganar la confianza del cliente, de las familias. Y la administración balear cuidaría, cual árbitro, para minimizar los inevitables conflictos. En este modelo caben perfectamente un sistema público de calidad con uno privado semejante y ambos se pueden beneficiar de la leal competencia. En definitiva la gran beneficiada será nuestra sociedad. Pero la libertad en manos de los padres y sin complejos, el último reducto de control puede estar a punto de caer. Nerviosos están.

Ignacio Pérez Argüelles